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El blog del Santi

Volumen 3

Volumen 3

26 de octubre de 2007

 

Ayer es que paré muy poco por casa, y el rato que estuve la tosté, simple y llanamente.

Último día de la semana de clase (aquí es de domingo a jueves, como están sin cristianar muchos…), ya nos han puesto examen, así como a modo de primer parcial para el próximo jueves, pero vamos, lo veo bien, supongo que aprobaremos todos menos el alemán, que es que no, el árabe no es lo suyo. Vale que a lo mejor no tuviera ni puta idea antes de venir, pero es que a veces parece corto. Un ejercicio de poner sufijo posesivo a un nombre, por ejemplo, lo hacemos con seis palabras, y aunque no lo llegases a entender se ve que se repite el mismo proceso siempre. Le toca a él como el sexto nombre, que mira que era un coñazo y llevábamos tiempo haciendo lo mismo, y como si no hubiera estado allí el maricón. No sé como se las apañará para pasar de nivel.

Así de noticias sociales, esta noche es el cumpleaños de Bates, la americana que en realidad se llama Lydia Staunton y que está casada con el Will, que son yankis a más no poder los notas, y ha invitado a toda la clase, nos tiene que llamar hoy para darnos bien la dirección, que todavía no ha llamado. Si no llama ella se lo pierde, tampoco es que yo me muera por ir a su fiesta pero oye, por ir haciendo algo de vida social, que hasta el momento lo más que he hecho fue irme ayer por la tarde con el Omar al centro cultural francés a ver una peli rarísima, a la que llegamos bastante empezada, y que fue bastante costreo. Un notas que no para de intentar tirarse a una notillas de lo más extraña pero que está enamorada de un viejuno que suele ir sin camiseta, otro viejuno por ahí que va con camisa, una que se acaba tirando al primer notas, y que estaba más buena que la que el muy joven intentaba tirarse, un robo, la policía, tiros, músicas raras, así como muy experimental, muy como de la filmoteca de Madrid…

 

Y venga vale sí –jajaja, como si os murieseis por leerlo- voy a acabar con el viaje a Petra. Creo que lo dejé, hace ya tanto tiempo, en que nos levantamos a las 5:30 de la mañana, a las 6 desayunamos de puta madre en el CleoPetra, yo de hecho aparte del café y la tostada me tomé 4 huevos duros. Dicen que es malo tomar tanto huevo, pero oye, no lo había probado ni lo he vuelto a probar desde que salí de Madrid, así que no creo que me vaya a matar el colesterol. Con fuerza y energía renovadas, tomamos el minibús del CleoPetra que nos dejó a la entrada de las ruinas de Petra, donde alegremente nos sajaron 21 pavos a cada uno. Ojala se derrumbe del todo en otro terremoto cuando esté de visita el que puso el precio, que a mí me da igual, ya la he visto. Según entras huele a puta mierda porque está lleno de caballos y de notillas ofreciéndote ir a verla en caballo por dos pavos. Es barato, habiendo pagado 21 solo por entrar, pero si no es tu caballo y no sabes montar bien es como cuando vas de pequeño a la granja escuela y te ponen a dar vueltas a un cercado, asín que pasando mil. Tardamos unas 6 horas en vérnoslo todo, contando que en un momento dado bien temprano por la mañana decidimos salirnos de la ruta habitual metiéndonos por una garganta, por la que íbamos nosotros y en un momento dado 3 más, y que suponíamos llegaba luego a todo el meollo turístico por un camino más guapo, pero llegamos a un punto donde había que saltar un gran desnivel con cierto peligro para nuestra integridad física y sobre todo con el riesgo de que si después no había nada no se podía dar media vuelta, un punto de no retorno, así que sabiendo que sólo teníamos esa mañana para ver Petra, optamos por el sí retorno, lo cual era un costreo porque ya llevábamos 40 minutos andados de garganta, pero con jolgorio y regocijo sólo tardamos 15 en volver, aún sigo sin saber muy bien por qué.

De nuevo en la ruta marcada, descubrimos que se había llenado de cientos de guiris.

Siguiendo por el camino marcado llegamos a la tesorería, lo que sale en Indiana Jones que luego está dentro el viejuno de las copas. Aunque ya sabíamos que el interior en la peli era un estudio, creíamos que el real molaría, pero no había más que tres mierda de estancias y una verja que te impedía siquiera pasar a verlas.

Continuamos la ruta por donde el rebaño de guiris –los había incluso con un colgante con su nombre, rebaño total, les oímos balar y todo- durante los varios kilómetros que quedaban de ciudad, que debió ser la hostia de grande en su tiempo, aunque no sé de donde sacarían el agua. Vimos el templo y el teatro que estaban la mar de guapos, y cuando tras pasar por 15 restaurantes teterías souvenir llegamos a un sitio donde no había más que piedras en sí, nos hicimos la de volver.

Una horaca y media o así creo que fue. Luego ver que no había bules a Amman para pillar ahí uno a Damasco, así que nos cogimos un taxi por 25 pavos gracias a los contactos del soplapollas mayor este que en el fondo hay que reconocer que nos ayudó bastante, porque si no andas ayudado te suelen sajar 50 o 60. El taxista una grandísima persona que descubrimos que no nos quería timar cuando nos dijo que para cuando llegásemos no iba a haber transporte a Damasco más que en taxi, pero en un momento dado viendo lo cierto que era, aceptamos su oferta de dormir en el New Park, por 4 euros cada uno. Salimos por Amman a cenar, y nos metimos en un sitio de comida rápida donde recuperé la mitad del peso que había perdido desde que salí de casa, con un gigantesco plato combinado y una hamburguesa doble de postre. He de reconocer, aunque a estos se lo negase por orgullo, que al final de ese día tan de proteínas y colesterol, me dolía un poco el corazón. De nuevo en el New Park vimos a nuestro taxista, que había decidido pasarse por allí después de visitar a su hija, ingresada recibiendo quimio en el hospital de Amman, y pasamos con él al despacho del jefe del hotel, Fayez Alkayyali, que nos hizo traer un café y nos reunió con el otro extranjero residente en su hotel, ¡¡Johnny!! ¡¡Johnny!! ¡¡Johnny!! Y nos metió en su despacho invitándonos a un café o un té, para saber de nuestra vida y darse un poco de autobombo, pero vamos, sin llegar a dar asco. A estos se les pareció mucho al enterrador de Lucky Luke, al que yo no pongo cara, pero con el tiempo he caído en que se parece mucho más a Rafael Vera, el del GAL. Nos contó como dio acogida gratis a los extranjeros que fueron a Iraq en la operación escudo humano, aunque al final se volvieran todos porque no consiguieron parar a Bush. Después de eso nos dio una tarjeta de visita y nos recogimos a nuestros aposentos, pues nuestro autobús a Damasco salía a las 6 de la mañana. De ese viaje hacer mención nada más al puto y asquerosísimo zumo de frutas del bosque que nos dieron.

En fin, que os recomiendo visitar Petra, porque es algo que hay que ver antes de morir, está muy guapo, pero por desgracia no sé si quedará algún sitio así en el mundo, lo suficientemente perdido para poder disfrutarlo sin manadas de turistas en viajes organizados, que oye, le quitan bastante gracia. Lo guapo sería visitarlo como el primer europeo que lo hizo desde después de la caída del imperio romano, un suizo que aprendió árabe a saco, y siendo pelirrojo se hizo pasar por sirio y a poco estuvo de morir cuando le descubrieron.

 

CURIOSIDADES CULTURALES

Me contó ayer el Omar que la mayoría de varones musulmanes se depilan el pubis y los sobacos, que lo dice el Corán, que por otra parte dice que hay que lavarse una vez a la semana y/o después de follar. Vamos, lavarse entero, que un poco se lavan 5 veces al día cada vez que van a rezar, y por eso se depilan para no oler. Yo le dije que en España nos duchábamos todos los días, que aunque no limpiase tanto como el Hammam (los baños árabes) lo hacía con más frecuencia, y no te huelen los sobaquillos más que como mucho al final del día, cuando abandona el desodorante, y que los bajos huelen si no te quitas el requesón, por lo que en España depilarse es de maricones a menos que seas ciclista o actor porno, y que si yo me depilase mis colegas se estarían riendo de mí en la placita al menos una semana, igual que yo me reiría del que lo hiciera.

 

FRASECILLA PARA PENSAR

“Pero llegaron tiempos aciagos para nosotros. Tus antepasados cruzaron las grandes aguas y llegaron a nuestra isla. Eran pocos. Aquí encontraron amigos, no enemigos.

Nos dijeron que habían huido de su país por miedo a los hombres malvados y que habían venido aquí a disfrutar de su religión. Nos pidieron un lugar pequeño.

Nos apiadamos de ellos, atendimos su ruego y se instalaron con nosotros.

Les dimos maíz y carne.

Ellos a cambio nos dieron veneno.”

Jefe Sagoyewatha, “el que hace despertar”, conocido como Casaca Roja. Indio Séneca, de la confederación iroquesa.

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