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El blog del Santi

Historias del Bronx

Historias del Bronx

28 de septiembre de 2007

 

Perdón por el olvido en que os tenía (a los pocos que me leeis), pero he andado liado.

Aceptada la proposición del tal Antonio este, no me llamó nadie al día siguiente, lo cual tampoco, para ser francos, me apenó en demasía.

Hasta llegada la noche, cuando fue el propio Antonio el que me llamó, para preguntar si a su vez me habían llamado los alumnos a los cuales había dado su número. Ante mi respuesta negativa no pudo más que decir que pensaba cortarles los huevos, y que al día siguiente seguro me llamarían.

No más de media hora tuve que esperar cuando ya tuve al primer brasas al teléfono. Y primera cita, ayer a las 13:00 en el Cervantes.

Por la mañana otra llamada, cita ayer a las 20:00 en el Cervantes, otra llamada más, cita hoy a las 10:00 en el Cervantes, última llamada, cita hoy a las 13:00 en el Cervantes.

 

Ayer 13:00à Ahmad. Estudiante de odontología de Aleppo. Quiere hacer el doctorado en Granada. Ha este no le enseñaron lo de “en casa de herrero cuchillo de palo”, porque lleva aparato. Un poco tolili y bastante más brasas. Por suerte fue apareciendo poco a poco por allí su cuadrilla, el tio normal, la que parecía europea y la calientapollas, para darme la brasa hasta las 17:30, hora en la que conseguí escaparme para comer, y llegar al de las 20:00

Ayer 20:00à Rida. Estudia algo. Tunecino. Quiere aprender español porque le gusta. Igual de tolili pero menos brasas. En su hora se nos acopló el Ahmad, y el Rida me pidió luego confidencialmente que evitara que se acoplare más veces, que era un brasas.

 

Hoy 10:00à Omar. Un tío majete. Estudia literatura francesa, lo cual ayudaba cuando no sabíamos explicarnos en árabe o español. Un tío majete, no más tolili de lo que lo es cualquier buen musulmán.

Hoy 13:00à Lami. La única pituti del grupo de cuatro. Ante la evidente pregunta que os hareis muchos sobre si estaba buena o no, la respuesta es que no lo sé. No se ha presentado. O no era hoy a las 13:00, que también puede ser, porque iba de memoria, no lo había anotado en ningún sitio.

 

EL CUENTO DEL BARRENDERO

Estaba una calurosa mañana de septiembre un joven, forastero en Damasco, sentado a la una sombra en una ancha calle de esa ciudad, tratando de cerrar una bolsa de plástico llena de zumo de albaricoque, puesto que ya había saciado su sed y seguir bebiéndolo hasta acabarlo podría provocarle un empacho.

En estas pasó delante suyo un alegre barrendero, con su escoba y su carrito con contenedores. Dejó el joven su imposible tarea para hacer caso al barrendero que se dirigiá a él con palabras que, en su condición de extranjero, apenas comprendía. Sacó el barrendero un aguacate del portamovidas del carrito, y enseñándoselo digo “wajid manga”(un mango), y luego cogió otro para entregárselo al joven, que sosteniéndolo en sus manos, lo miraba entre sorprendido y desconcertado, pues no sabía que se suponía debía hacer con el aguacate/mango. El barrendero abrió el suyo con una navaja, pues aún estaban un poco verdes y duros, observó el hueso, semilla o güito, y junto con la pulpa y la cáscara, el resto del aguacate, lo arrojó a los setos que daban sombra al joven. El joven, aún más desconcertado, le entregó su mango/aguacate al barrendero, y éste repitió la misma operación.

Ya sin aguacates que le distrajeran, observó el barrendero que el joven se enfrentaba a un problema grave, pues no podía beber más zumo de albaricoque, tampoco podía cerrar la bolsa – debía anudarla por donde había realizado un agujero con los dientes a través del cual beber- y su moral le impedía tirar el jugo sobrante.

El barrendero, cual Doraemon o genio de la lámpara, sacó de su portamovidas del carrito una botella con agua, y tras unas cuantas indicaciones, el joven comprendió que lo primero que debía hacer era colocar sus manos debajo del agujero de la botella para limpiarlas con el chorro que de ella caería. Una vez limpias las manos del joven, el barrendero derramó la sobrante sobre el mismo seto donde había tirado poco tiempo antes los aguacates, y procedió a rellenarla con el zumo de la bolsa. Una vez solucionado mi problema procedió a continuar su jornada. El joven le ofreció un cigarro en agradecimiento, pero el barrendero lo rechazó, estaba en Ramadán.

Por eso tampoco le importó deshacerse de su agua.

 

¿Moraleja?

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3 comentarios

Bianca -

Que paxa Santiaguin?
Pues nada, que sepas que paseando x estos barrios tuyos, en busca de nuevas anécdotas que no aparecen..te dejo un comentario porque me aburro, porque se que queda bien...también me apetece oye...jajaja
Pero sigue escribiendo tio, que es to entretenido pasearse por aki y leer algo interesante...cuidate los mokillos!!! besotes!
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mRtALIER -

Siento discrepar con rian ya que a mi no me gustan los aguacates, excepto si estan hechos guacamole jejeje. Me alegro de que te vaya bien a mi me prodría ir mejor ya que tengo un ojo morado pero voy a echar a la loteria que me toca de fijo, y si es asi pues será un gran alegría para todos empezando por mi.

En fin hay más cosas que contar pero me da pereza asi que no seguiré contando solo deseo que te vaya bien con tus andaduras, que no con tus andancios, por Siria.
Agur

RianX -

Moraleja: Cuando coges un fruto con espinas por fuera y te pinchas la mano, te pinchas en vaaaaaano.


Güena pinta tienen los agüacates esos... mañana nos olemos.
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