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El blog del Santi

Andanzas y desventuras de un notis to perdío

Andanzas y desventuras de un notis to perdío

Camión parado por motivo desconocido al lado de la mezquita 

 

24 de septiembre de 2007

 

Buscábase uno las habas, a ver que hacía aquí, de acá para allá y de allá para acá, embajada, oficina de inmigración… con éxito en todas sus gestiones.

Mas resulto todo ser un sueño. Habíase olvidado nuestro olvidadizo zagal de poner la alarma la noche anterior, y para cuando despertó ya era casi hora de almorzar. Así pues, almorzó, costreó, y salió a ver si le salía bien lo único que a esas horas le quedaba tiempo de hacer.

Subió su triste figura a un taxi rocinante, que le llevó cual Quijote por todo Damasco, en una tournée sinsentido alrededor y por el centro de toda la ciudad, hasta depositarle, habiendo tomado el viaje 3 jornadas en vez de una, junto al Instituto Cervantes.

Tras ese exasperante peregrinar, apenas tenía ya ánimos o esperanzas cuando entró a sus oficinas, y tras saludar forzando una sonrisa preguntó:

“Oye perdona, no sabréis de nadie que enseñe árabe a españoles. Supongo que de algo tendréis conocimiento, al haber aquí tanto español que enseña árabe, no debe faltaros quien revolotee por aquí realizando la función inversa”.

Viose sorprendida la recepcionista, pues al parecer nunca le había sido planteado tal asunto, por lo cual decidió enviarme a probar fortuna en la tasca, sugiriéndome:

“Pregunta en cafetería, abajo, donde el amable gentío se reúne en torno al bebercio”

 

Hallé en aquella terraza sumergida dos principales grupos de personas. Una mesa de sarracenos, en torno a un ordenador y manipulando muchos papeles, mientras en su conversación mezclaban el castellano y el árabe. En la otra mesa, en cambio, encontraban se varios españoles, mayores que yo, de ambos sexos, una de las mujeres sosteniendo una criaturilla de apenas 9 meses en su regazo.

Aunque supuse que era entre los primeros entre los cuales se hallaba aquél o aquellos que podrían serme útiles para mis propósitos, preferí no interpelarles directamente, sino dirigirme primero a mis paisanos:

-Disculpe, alegre cuadrilla, ¿podría robarles un minuto de su precioso tiempo?

-Oh, por supuesto, joven. ¿En qué podemos ayudarle nosotros, compatriotas en tan lejanas tierras?

-Pues verán, por un infortunado desliz, confundí las fechas de inicio de dos cursos entre los que no me decidía cual realizar, y ahora que ya me he decidido, he descubierto que las fechas del que quiero hacer corresponden a las del que no, y viceversa. Esto de por sí parece no acarrear consecuencia alguna, pero el caso es que hay una, y grave, ya que debo pasar casi un mes de inactividad hasta poder comenzar, y como no soy hombre que viaje tanto para perder el tiempo absurdamente, quería preguntarles si no conocerán ustedes algún árabe que esté dispuesto a enseñarme su idioma, a cambio de dinero o cualquier otro tipo de contraprestación no carnal.

Levantóse uno de la mesa, y tras decirme su nombre, Antonio, me fue a presentar a los estudiantes de la mesa de al lado, no sin antes comentarme que en la universidad de Damasco, en la que el compartía su saber, a diario se le acercaban jóvenes a preguntar si no podría ponerles en contacto con algún español, para compartir ellos lo que sabían de árabe a cambio de recibir de éste joven en cuestión lo que él supiera de español. Y claro, yo podría ser ese joven.

Era este tal Antonio un hombre, que debía no andar muy lejos ya de los 40, si acaso no los había alcanzado. Amable y educado, alto y apuesto, con una voz grave y viril pero no por ello menos elegante, hombre de mundo, con estudios y por lo menos algo de dinero. El tipo de hombre que podría poner en sus tarjetas de visita

                                  

Antonio Ramírez Pescao

         “La polla”

 

Si tuviera novia trataría de mantenerla alejada por lo menos unas 150 yardas de él. Pero yo personalmente le estaba agradecido, pues tras no pocas equivocaciones por su parte y por la mía conseguimos intercambiar nuestros números de teléfono (por cierto, el mío está mal si alguno ha intentado llamarme y no ha podido: os dije 00963936851281, siendo el verdadero 00963936851381. Todo se debió a que el 2 y el 3 en números hindúes se escriben muy parecido, y en la tienda me dieron el numero escrito rápidamente a boli, pero hoy al hacerle una perdida al mencionado Antonio ha podido informarme del error y así lo he subsanado) quedó en pasarle el mío a alguno de sus alumnos interesados que mañana me llamarán. También, y esto se lo agradezco por lo menos lo mismo, me contó que allí los sábados y domingos por la tarde noche se reúnen a ver la liga española, por lo que si ando avispado podré ver en directo (aunque no en vivo, como en el calderón) al Atleti de mis amores cada fin de semana y cada jueves de UEFA.

Bueno, para despedirme una pequeña lección de árabe:

Corazón rojiblanco: قلب أحمر و أبيض

 

Ma’a salama compays.

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